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“Prefiero muchas veces ponerme a jugar al ajedrez antes que ver fútbol”. Quien pronunció esta frase no fue un ajedrecista que viva del tablero sino un entrenador y exfutbolista profesional. Se trata de una ‘rara avis’ en el actual espectáculo mediático del fútbol, Enrique ‘Quique’ Setién (Santander, 1958).
Quique Setién con la mascota Xaquedrim, rodeado de niños. Foto: Club Xaquedrum
Quique Setién con la mascota Xaquedrim, rodeado de niños. Foto: Club Xaquedrum

Como jugador defendió la camiseta del equipo de su ciudad natal, el Racing Santander, la del Atlético de Madrid, Logroñés, retirándose en el Levante, que jugaba entonces en Segunda División B y con el que jugó la liguilla de ascenso que logró, disputando apenas seis partidos. En total, 14 temporadas en Primera División. Fue tres veces internacional con España.
Como entrenador debutó también con el Racing además del Polideportivo Ejido, Logroñés, Lugo –donde estuvo seis años, lo subió de categoría de Segunda B a Segunda en una eliminatoria de infarto ante el Cádiz, en 2012, siendo muy recordado y querido en la ciudad gallega- y actualmente dirige a la UD Las Palmas, debutando así en Primera División. También entrenó a la selección de Guinea Ecuatorial, una aventura de un año en dicha dictadura africana.
Setién en un acto de difusión del ajedrez dirigido a la Tercera Edad en Lugo.
Setién en un acto de difusión del ajedrez dirigido a la Tercera Edad en Lugo.

Setién explica su amor por el ajedrez: “a mí me gusta el ajedrez porque me aísla. Es un juego que me parece apasionante, nunca lo vas a poder controlar. Siempre hay alguien que te va a ganar. Hay mucha profundidad en el ajedrez, y en el fútbol pasa un poco lo mismo”.
“Para mí es una válvula de escape”, dice. “Lo que es un entretenimiento acaba en adicción”, llegó a escribir Setién, aunque asegura se ha atemperado con los años: “Llega a ser muy posesivo”, una cuestión que sufrimos todos los ajedrecistas. Así, padeció alguna que otra noche en vela tratando de encontrar el desarrollo adecuado de una jugada que, sobre el tablero, no tenía solución.
“Me gusta el orden, es fundamental. Desde niño juego al ajedrez y la conexión es similar, las piezas se protegen y se conectan para atacar y defender. Y es vital dominar el centro del tablero”, ha declarado. Sostiene además que hay “muchos partidos y muchos equipos que no me gustan y una buena partida de ajedrez ante un rival de tu nivel es apasionante. Además, no todo es fútbol en la vida”.
Hace similitudes entre el fútbol y el ajedrez: “En el tablero debes dominar siempre el centro, aunque luego te den mate por un lado, y en el fútbol también tienes que controlar el centro del campo para controlar la situación y tener más posibilidades de ganar el partido. Hay otros vínculos que ya se trabajan, incluso con niños. La anticipación que existe en el ajedrez para pensar en las siguientes jugadas se puede acoplar perfectamente al fútbol, anticiparse para evitar que el otro lleve la iniciativa”.
También algunas de sus reflexiones sobre el fútbol suelen ser muy acertadas, “el dinero distorsiona el fútbol. Hay un aspecto materialista en el fútbol que ha ido en detrimento del espectáculo, pero no es lo único. Las urgencias que tenemos los entrenadores en cuanto a conseguir buenos resultados es otro componente que va en nuestra contra. Yo necesito trabajar para vivir, no lo hago por ambición”.
Tuvo la suerte de tener frente a frente, en unas simultáneas, al propio Karpov y a su antagonista, Kasparov. También jugó una simultánea en 2003 contra el entonces gran maestro más joven del mundo, el ucraniano Sergei Karjakin, de 12 años de edad. Es autor de artículos sobre el ajedrez como ‘Qué fue de nosotros tras Reikiavik’ en el diario El Mundo y de una necrológica de Bobby Fischer.
Es socio del Club de ajedrez Torresblancas de Santander colaborando con la promoción del ajedrez, lo mismo realizó con la Asociación Cultural Xaquedrum y la Escola Luguesa de Xadrez, durante su larga estancia en la ciudad gallega. De hecho, en junio de 2015 para el cierre de temporada, se contó con su presencia, ofreciendo una exhibición con los más pequeños y firmando autógrafos entre los asistentes. Fue la despedida de Quique Setién con los aficionados ajedrecistas lucenses mostrando el agradecimiento por su gran implicación con la promoción del ajedrez en la ciudad e incluso se fotografió con la mascota del club, Xaquedrim.
Setién durante su larga trayectoria en el mundo del fútbol trató de pasarle el amor por el tablero a alguno de sus compañeros de profesión, como Jesús García Pitarch (Puebla de Vallbona, 1963) Antonio Poyatos (Jerez, 1963) o el actual entrenador del Oporto, Julen Lopetegui (Asteasu, 1966) con los que coincidió en el Logroñés y al bielorruso Andrei Zigmantovich (Minsk, 1962) con el que estuvo en el Racing en los años noventa.
Habría que citar otros casos de relación entre futbolistas y ajedrez, porque entre clubes y ajedrez se puede recordar a los equipos ajedrezados. Se trata en el caso español aunque parezca algo sorprendente de la afición, no muy difundida, del actual entrenador del Real Madrid, Rafael Benítez (Madrid, 1960) quien juega desde joven, y muy recientemente del jugador, exmadridista y ahora en la Real Sociedad, Esteban Granero (Madrid, 1987).
En el ámbito internacional citar el caso de Simen Agdestein (Asker, 1967) jugador de fútbol noruego durante ocho temporadas 1984-1992 del actual equipo de Segunda División, FC Lyn Oslo –llegó a jugar ocho partidos con su selección- y gran maestro del ajedrez desde los 18 años, compatibilizando las dos actividades. Fue entrenador del actual campeón del mundo, Magnus Carlsen (Baerum, 1990).
Otro caso es el del gran maestro Ljubomir Ljubojevic (Uzice, 1950), quien fue muy joven, con 14 años, extremo izquierdo en las secciones inferiores del Estrella Roja de Belgrado y precisamente se dedicó al juego desde la sección de ajedrez de dicho club. Gran Maestro internacional hoy vive en España. Uno de sus amigos es otro aficionado al juego, el entrenador y exfutbolista, Radomir Antic (Zitiste, 1948), quien llegó a entrenar a los tres grandes españoles, Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid así como a la selección de Serbia. Declaraba que el juego le servía para relajarse.
No hay que olvidar que el ajedrez era muy popular en la antigua Yugoslavia, de hecho Tito (1892-1980) fue un gran aficionado y coleccionista de tableros y piezas de ajedrez que le suministraban desde las embajadas yugoslavas además de los regalos de los distintos dirigentes extranjeros al mandatario cuando visitaban Belgrado.
En Alemania se puede citar a Marco Bode (Osterode am Harz, 1969), centrocampista que desarrolló toda su carrera de 1988 a 2002 en el Werder Bremen, jugando con la selección alemana en 40 ocasiones. Jamás fue expulsado de un terreno de juego. Jugó desde joven y en las concentraciones del equipo al ajedrez, “es para mí el juego más fascinante de la historia”. “En el campo de fútbol hay que predecir todos los movimientos posibles. También es importante coordinarse con los miembros del equipo -al igual que las figuras en un tablero de ajedrez- se debe seguir una estrategia coherente”. En su equipo la afición al juego ha sido transmitida al actual jugador del Werder Bremen, el austríaco de origen bosnio, Zlatko Junuzovic (Loznica, 1987).
Félix Magath, en su etapa de entrenador del Wolfsburgo –con el que ganó la Bundesliga- con un tablero de ajedrez sobre el terreno de juego.
Félix Magath, en su etapa de entrenador del Wolfsburgo –con el que ganó la Bundesliga- con un tablero de ajedrez sobre el terreno de juego.

Otro conocido ex futbolista y entrenador alemán, Felix Magath (Aschaffenburg, 1953) es aficionado al juego desde 1978, mientras seguía el Campeonato del Mundo entre Karpov y Korchnoi, cuando estaba postrado en cama debido a una hepatitis. Magath quien llegó a jugar una simultanea contra el entonces campeón Kasparov, afirma: “después del fútbol, el ajedrez es el juego más hermoso”, añadiendo “todo futbolista debe jugar al ajedrez para que pueda entender mejor las estrategias del fútbol”. Como futbolista, de 1972 a 1991, ganó Copa de Europa, Recopa y Bundesliga con el Hamburgo así como con la selección alemana de 1977 a 1986 obtuvo una Eurocopa y dos subcampeonatos del mundo. Fue 43 veces internacional. Como entrenador, de 1992 hasta 2014, también ganó la Bundesliga y la Copa alemana con dos clubes, Bayern Munich y Wolfsburgo
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